domingo, 8 de diciembre de 2013

Sueños


Había llegado a mi casa con la desesperación de un día más aburrido y soberbio sin la esperanza de la más mínima ápice de diferencia. Había dejado la mochila sobre una silla que estaba colocada cerca de la puerta e iba suspirando de camino a las escaleras. Al llegar al piso superior mi mente había intentado olvidar los detalles sin importancia de este 'trascendental' día.
Tras comenzar el giro hacía mi dirección final una mancha, una borrosidad, apareció en una de las esquinas de los rabillos de mis ojos desapareciendo al volver mi mirada. Terminé caminando hacia mi habitación desconcertada pero en cuestión de segundos desapareció tal pensamiento. Solté la mochila en el suelo casi tirándola, un soplo afloró tras de mi erizándome los pelos del cogote haciéndome girar y mirar a mi alrededor. Había dejado la puerta abierta por lo que probablemente había entrado algo de aire; me acerco a esta para cerrarla cuando oigo algo caer por las escalera, como una pelota o un similar; su sonido es menos hueco y más pesado, desagradable y misterioso.
Salgo de mi habitación, no había nadie en mi casa y yo lo sabía, el sonido no cesa hasta que doy varios pasos hacia las escaleras y me colocó frente a ella, no pude ver nada que hubiera podido ocasionar el ruido.
Iba bajando las escaleras mientras intentaba aparentar seguridad, nada de miedo ni temor, tras pasar el descansillo un bulto en las escaleras llamó mi atención y con unos pasos ligeros me acerqué antes un mancha sobre este bulto verde oscuro -que parecía afirmar mi creencia de que era una pelota- fue cobrando forma hasta que un mancha oscura se movió en el piso superior como si me hubiera estado observando.
Al bajar la mirada hacia la bola ya no estaba. En este momento hasta los bellos de mi rostro se erizaron sin remedio alguno, mis ojos se humedecieron del miedo, estiré mi espalda y cogí aire, pero apenas si me dejé expulsarlo la presión me mataba.
Cerré la boca y expulsé el aire poco a poco, tragué saliva y de espaldas fui subiendo las escaleras escalón a escalón.
Al llegar al descansillo que subía al segundo tramo de escaleras algo pareció comenzar sonar como si fuera el sonido de una turca cruzando con otra y haciéndose girar entre sí, el sonido desaparece y poco después algo se escucha moverse. Intentaba no hacer ruido al respirar pro lo que poco a poco me auto asfixiaba en mi silencio. Una muñeca apareció dando unos breves pasos por delante de las escaleras. Sus cabellos eran rubios y rizadas un vestidito con estampados la cubría y calzaba unos zapatos rojos. Su mirada se perdía al frente y tenia los brazos levemente elevados hacia el frente. mi mente desconecto y por un momento casi no pude moverme. Ahora me parece tonto pero en aquel momento tan solo podía pensar: “Por favor que no se choque con la esquina de las escaleras, por favor que no se choque, por favor, ...”
La muñeca chocó y cayo. Los pelos de mi nuca hicieron una ola de dolor tras de mi y mis piernas cedieron a bajar las escaleras a toda velocidad. Corrí sin pensarlo hasta llegar al salón donde me paré indecisa miré a mi alrededor y me dirigí a la cocina, al llegar a este di varias vueltas a mi misma discrepando entre si asegurarme de lo que he visto era cierto, de si lo mejor era esconderme y no hacer ruido o si mejor cogía un cuchillo y me esforzaba por no chillar sin remedio.
Decidí coger el cuchillo, mis manos y piernas temblaban y me aferré al cuchillo como si fuera un sustento razonable.
Corrí al salón y conseguí esconderme en un hueco que había entre la pared y el sofá. Respiraba sin uniformidad, desordenada y alocadamente. Mi mente se mareaba con su descorografiada revolución que hacía que el oxígeno corriera por mi desorbitándome.
Cerré los ojos, la casa se había quedado en un silencio sepulcral, nada más se escuchaba mi respiración que igual yo intentaba reprimir.
Algo sonaba fuera de la habitación en unos momentos dejó de sonar un escalofrío recorrió mi lado derecho-el que estaba pegado a la pared- giré mi cabeza.
Un rostro deforme me miraba, sus ojos se hundían en dos negros posos oscuros, una desagradable linea desfiguraba le formaba la boca, sus cabellos caían con desigualdad por su frente rugoso húmeda y desagradable.
No esperé más tiempo para levantarme y salir corriendo mientras gritaba.
Mis pasos me llevaron hasta el cuarto de baño tras chocarme contra una puerta justo a su lado.
Entré a toda prisa, el cuchillo había desaparecido de mi poder. Al mirar al frente pude volver a ver la desagradable figura ante mi, observándome.
Mi respiración me dejo sin habla y mis ganas de gritar, aun sin haber desaparecido, no me permitían expresarme.
Ando unos pasos al frente incrédula, el reflejo de la figura estaba en el espejo donde debería de estar el mío. Arrastro la yema de mis dedos por mi rostro y lo único que palpo son ampollas y desagradables bultos. Siento la sorpresa en mi rostro pero el reflejo muestra una desagradable risa, que me muestra superioridad. Quito la mano de mi rostro y la desciendo. Mantengo el silencio, lágrimas vienen a mis ojos y desangradas muertes vienen a mi mente, recuerdos que no recordaba haber tenido antes pero que sin embargo recordaba haber vivido.
Miro la figuro y me siento sonreír, un hilo de sangre corre de mi boca, entre los afilados dientes. No parezco reflexionar e intento hacer desaparecer la siniestra sonrisa de entre las sombras de mi rostro, sin embargo esta no se va insiste en permanecer marcada inmóvil en aquella desfigurada apariencia.
Comienzo a respirar cada vez más fuerte, el pulso de mi corazón acelera sin remedio, el rostro del espejo ha dejado sus sonrisa de lado y me mira, me
miro,... sin descanso.
Salta sobre mí mi propio reflejo con lo brazos extendidos, chillando con penetrantes aullidos , desgarrándome los brazos con los que intentaba defenderme, respiro forzada y apresuradamente, forcejeo y grito; sus afilados colmillos arremeten contra mi cuello, y poco después muerden mi brazo desgarrado a carne viva...
Me despierto abriendo los ojos con fuerza en la oscuridad de la noche, intento coger aire con la nariz pero me parece un esfuerzo inútil pues el aire no llega hasta mi, y acabo cogiendo aire con la boca agradeciendo el oxígeno y tomando proporciones exhaustivas. Me ha quitado el sueño y las ganas de seguir durmiendo, no es nada más cerrar los ojos y ver aquella imagen pegada a mi cara a pocos centímetros de mi.
Agarro la bata y me coloco las babuchas. Arrastro los pies por el suelo mientras ando hasta la cocina donde me preparo una vaso de leche, me paseo con el vaso de leche hasta la azotea donde descansan mis perros me siento en una de sus mantas y miro el cielo, intento despejarme la mene de aquella horrible pesadilla.
Seguramente me termine el vaso de leche y aun así no baje a descansar, seguramente continúe allí la noche hasta despertarme por la mañana rodeada de caricias perrunas y el bello amanecer.

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