Había llegado a mi casa con la
desesperación de un día más aburrido y soberbio sin la esperanza
de la más mínima ápice de diferencia. Había dejado la mochila
sobre una silla que estaba colocada cerca de la puerta e iba
suspirando de camino a las escaleras. Al llegar al piso superior mi
mente había intentado olvidar los detalles sin importancia de este
'trascendental' día.
Tras comenzar el giro hacía mi
dirección final una mancha, una borrosidad, apareció en una de las
esquinas de los rabillos de mis ojos desapareciendo al volver mi
mirada. Terminé caminando hacia mi habitación desconcertada pero en
cuestión de segundos desapareció tal pensamiento. Solté la mochila
en el suelo casi tirándola, un soplo afloró tras de mi erizándome
los pelos del cogote haciéndome girar y mirar a mi alrededor. Había
dejado la puerta abierta por lo que probablemente había entrado algo
de aire; me acerco a esta para cerrarla cuando oigo algo caer por las
escalera, como una pelota o un similar; su sonido es menos hueco y
más pesado, desagradable y misterioso.
Salgo de mi habitación, no había
nadie en mi casa y yo lo sabía, el sonido no cesa hasta que doy
varios pasos hacia las escaleras y me colocó frente a ella, no pude
ver nada que hubiera podido ocasionar el ruido.
Iba bajando las escaleras mientras
intentaba aparentar seguridad, nada de miedo ni temor, tras pasar el
descansillo un bulto en las escaleras llamó mi atención y con unos
pasos ligeros me acerqué antes un mancha sobre este bulto verde
oscuro -que parecía afirmar mi creencia de que era una pelota- fue
cobrando forma hasta que un mancha oscura se movió en el piso
superior como si me hubiera estado observando.
Al bajar la mirada hacia la bola ya no
estaba. En este momento hasta los bellos de mi rostro se erizaron sin
remedio alguno, mis ojos se humedecieron del miedo, estiré mi
espalda y cogí aire, pero apenas si me dejé expulsarlo la presión
me mataba.
Cerré la boca y expulsé el aire poco
a poco, tragué saliva y de espaldas fui subiendo las escaleras
escalón a escalón.
Al llegar al descansillo que subía al
segundo tramo de escaleras algo pareció comenzar sonar como si fuera
el sonido de una turca cruzando con otra y haciéndose girar entre
sí, el sonido desaparece y poco después algo se escucha moverse.
Intentaba no hacer ruido al respirar pro lo que poco a poco me auto
asfixiaba en mi silencio. Una muñeca apareció dando unos breves
pasos por delante de las escaleras. Sus cabellos eran rubios y
rizadas un vestidito con estampados la cubría y calzaba unos zapatos
rojos. Su mirada se perdía al frente y tenia los brazos levemente
elevados hacia el frente. mi mente desconecto y por un momento casi
no pude moverme. Ahora me parece tonto pero en aquel momento tan solo
podía pensar: “Por favor que no se choque con la esquina de las
escaleras, por favor que no se choque, por favor, ...”
La muñeca chocó y cayo. Los pelos de
mi nuca hicieron una ola de dolor tras de mi y mis piernas cedieron
a bajar las escaleras a toda velocidad. Corrí sin pensarlo hasta
llegar al salón donde me paré indecisa miré a mi alrededor y me
dirigí a la cocina, al llegar a este di varias vueltas a mi misma
discrepando entre si asegurarme de lo que he visto era cierto, de si
lo mejor era esconderme y no hacer ruido o si mejor cogía un
cuchillo y me esforzaba por no chillar sin remedio.
Decidí coger el cuchillo, mis manos y
piernas temblaban y me aferré al cuchillo como si fuera un sustento
razonable.
Corrí al salón y conseguí esconderme
en un hueco que había entre la pared y el sofá. Respiraba sin
uniformidad, desordenada y alocadamente. Mi mente se mareaba con su
descorografiada revolución que hacía que el oxígeno corriera por
mi desorbitándome.
Cerré los ojos, la casa se había
quedado en un silencio sepulcral, nada más se escuchaba mi
respiración que igual yo intentaba reprimir.
Algo sonaba fuera de la habitación en
unos momentos dejó de sonar un escalofrío recorrió mi lado
derecho-el que estaba pegado a la pared- giré mi cabeza.
Un rostro deforme me miraba, sus ojos
se hundían en dos negros posos oscuros, una desagradable linea
desfiguraba le formaba la boca, sus cabellos caían con desigualdad
por su frente rugoso húmeda y desagradable.
No esperé más tiempo para levantarme
y salir corriendo mientras gritaba.
Mis pasos me llevaron hasta el cuarto
de baño tras chocarme contra una puerta justo a su lado.
Entré a toda prisa, el cuchillo había
desaparecido de mi poder. Al mirar al frente pude volver a ver la
desagradable figura ante mi, observándome.
Mi respiración me dejo sin habla y mis
ganas de gritar, aun sin haber desaparecido, no me permitían
expresarme.
Ando unos pasos al frente incrédula,
el reflejo de la figura estaba en el espejo donde debería de estar
el mío. Arrastro la yema de mis dedos por mi rostro y lo único que
palpo son ampollas y desagradables bultos. Siento la sorpresa en mi
rostro pero el reflejo muestra una desagradable risa, que me muestra
superioridad. Quito la mano de mi rostro y la desciendo. Mantengo el
silencio, lágrimas vienen a mis ojos y desangradas muertes vienen a
mi mente, recuerdos que no recordaba haber tenido antes pero que sin
embargo recordaba haber vivido.
Miro la figuro y me siento sonreír, un
hilo de sangre corre de mi boca, entre los afilados dientes. No
parezco reflexionar e intento hacer desaparecer la siniestra sonrisa
de entre las sombras de mi rostro, sin embargo esta no se va insiste
en permanecer marcada inmóvil en aquella desfigurada apariencia.
Comienzo a respirar cada vez más
fuerte, el pulso de mi corazón acelera sin remedio, el rostro del
espejo ha dejado sus sonrisa de lado y me mira, me
miro,... sin
descanso.
Salta sobre mí mi propio reflejo con
lo brazos extendidos, chillando con penetrantes aullidos ,
desgarrándome los brazos con los que intentaba defenderme, respiro
forzada y apresuradamente, forcejeo y grito; sus afilados colmillos
arremeten contra mi cuello, y poco después muerden mi brazo
desgarrado a carne viva...
Me despierto abriendo los ojos con
fuerza en la oscuridad de la noche, intento coger aire con la nariz
pero me parece un esfuerzo inútil pues el aire no llega hasta mi, y
acabo cogiendo aire con la boca agradeciendo el oxígeno y tomando
proporciones exhaustivas. Me ha quitado el sueño y las ganas de
seguir durmiendo, no es nada más cerrar los ojos y ver aquella
imagen pegada a mi cara a pocos centímetros de mi.
Agarro la bata y me coloco las
babuchas. Arrastro los pies por el suelo mientras ando hasta la
cocina donde me preparo una vaso de leche, me paseo con el vaso de
leche hasta la azotea donde descansan mis perros me siento en una de
sus mantas y miro el cielo, intento despejarme la mene de aquella
horrible pesadilla.
Seguramente me termine el vaso de leche
y aun así no baje a descansar, seguramente continúe allí la noche
hasta despertarme por la mañana rodeada de caricias perrunas y el
bello amanecer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario