Había abierto los ojos aquella mañana comprendiendo que había obrado mal, había herido y destrozado a la gente que más quería, había profanado pensamientos que habrían quedado mejor guardados en el olvido, había invadido intimidades que en aquella esquina en la que las ocultamos quedan que ni pintado.
Miraba al techo una vez más pensado cual había sido el motivo de tales -mis acciones- que incluso siendo completamente consciente de mis actos continué con aquella crueldad. Cualquiera con un mínimo de vergüenza hubiera dicho: ''No, yo... Lo siento, no era consciente de mis actos, me llenaba la envidia y la ira, no puede detenerme.'' No, yo no podría decir eso, si algo se bien es que lo pero es mentir, y traicionar y en todo momento evito estos dos conceptos aun siendo yo la mentida o traicionada.
Son fuertes mis raíces, y suelo mantener firmes mis pensamientos, mis piernas tiemblan al andar, pero no mi voz al hablar. Mantengo la mirada lo más firme que puedo, y como mis razones no me dejan mentir cayo. Si no puedo hablar no
puedo mentir, el silencio es mi mejor
aliado. Entonces... ¿Por qué lo hice? Ya no consigo recordad cuales
fueron mis razones para horrorizar así todo cuanto me rodeaba, para
que la habitación se llenara de oscuridad y soledad, para que el
oxígeno se helara y cayera como lluvia, para que la respiración
dejara de fluir.Miraba mis manos que sentía sucias por haber hecho aquello, podía ver más claramente lo que había hecho y cómo lo había hecho, pero la razón se escapaba a mi entender.
Acerco mis pasos lo más que puedo a los hechos que pueden dar respuesta a esta pregunta.
No puedo contemplar más que miradas perdidas y sentimientos desaparecidos, el dolor ya había desaparecido de sus rostros. No parecían sufrir, se les veía relajados y apacibles. Esquivé las pegajosas y espesas manchas que cubrían la alfombra del salón, jamás saldrían pero eso ya no importaba. Busqué un hueco en el sofá entre mi padre y mi hermano menor que caía de costado hacia el lado contrario, inmóvil. Mire al suelo donde podía ver uno de los tacones marrones de mi madre, y poco más lejos su pie descalzo, tendido hacia el lado contrario de su otro pie.
No sentía un arrepentimiento profundo, sino indecisión, no podía contemplar la escena como desconocida pues la había imaginado tantas veces que me era demasiado familiar. Me acomodé en el sofá y me abracé a mi padre, no pude evitar sentirme afligida pero sentirle junto a mi, aunque estuviera tan lejos de alguna manera, me reconfortaba.
Cogí el mando tras de mí y apagué el televisor. Llevé mis manos por su pecho hasta el otro extremo y me agarré fuerte, el frío aumentaba en la habitación. Apoyé la cabeza donde debería de oírse palpitar su corazón que se mantenía silencioso y en descanso eterno.
Me ha gustado mucho Gloria, sigue escribiendo. Pero no te cargues a nadie! jejeje
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