Imaginarse
un cielo estrellado en el que las luces que brillan no son estrellas,
la Luna en el cielo no es nuestro satélite, y el manto azulado junto
con su suave y fresca brisa no es tal y como dicen. ¿Que cuál es la
razón de tales excentricidades? Pues sencillo, míralo: las
estrellas no son mas que ojos curiosos que se asoman al espacio para
contemplar tanto nuestro mundo como la majestuosidad y belleza del
espacio para descubrirnos en el glorioso día y desvelarnos en la
eterna noche; la Luna en sus mejores momentos es una sonrisa perfecta
en la cual se puede ver reflejada la felicidad misma y cuando alcanza
su magnifica redondez es un espejo a miles de kilómetros de nosotros
pero a pocos centímetros de nuestro corazón donde nos vemos reflejados en cuerpo y alma; y ese suave manto azulado que nos recubre estampado con las casuales y viejas pelusas que hacen asemejarse al espacio no es más que la vieja manta, suave y cómoda, que nos aguarda todos los días para pasar una noche más sobre el capote del viejo Chevrolet -que aun sin motor y llena polvo sigue manteniéndose en pie-. Aquella manta nos da calor en las frías noches mientras esa brisa
casual, pues es lo que es tu mentolado aliento, me susurra agradables palabras, que casi parecen delicadas melodías, cerca de mi oído intentando hacer que la dulzura de su significado no desaparecieran al ser mencionadas, poniendo tal empeño en la preparación de cada palabra que al pronunciarlas suenan entrecortadas pero perfectas.
Y así quedamos, tu y yo, contemplando los ojos que nos observan, suspendidos en aquel maravilloso espectáculo natural, tapados por el suave cielo, mientras que la brisa que recorre el firmamento hasta llegar a mis oídos.
pero a pocos centímetros de nuestro corazón donde nos vemos reflejados en cuerpo y alma; y ese suave manto azulado que nos recubre estampado con las casuales y viejas pelusas que hacen asemejarse al espacio no es más que la vieja manta, suave y cómoda, que nos aguarda todos los días para pasar una noche más sobre el capote del viejo Chevrolet -que aun sin motor y llena polvo sigue manteniéndose en pie-. Aquella manta nos da calor en las frías noches mientras esa brisa
casual, pues es lo que es tu mentolado aliento, me susurra agradables palabras, que casi parecen delicadas melodías, cerca de mi oído intentando hacer que la dulzura de su significado no desaparecieran al ser mencionadas, poniendo tal empeño en la preparación de cada palabra que al pronunciarlas suenan entrecortadas pero perfectas.
Y así quedamos, tu y yo, contemplando los ojos que nos observan, suspendidos en aquel maravilloso espectáculo natural, tapados por el suave cielo, mientras que la brisa que recorre el firmamento hasta llegar a mis oídos.