sábado, 27 de septiembre de 2014

Y sigo encontrando viejos relatos mios...


Jamás he comprendido eso de ''enamorarse'' ni que significado real tiene sobre las personas; si me paro a pensar en el tema no encuentro más que presión y la incógnita de su verdadero sentido hacia lo que queremos hallar.
Podemos plantearnos el tema como algo que no hace falta entender, que no hace falta su perfección, que no necesita sus grandes momentos y que pasado el tiempo sigue como el primer día. Sin embargo quitando todas estos tomos de nuestro tema ¿Qué nos queda? Los rutinarios días monótonos y repetitivos, caídas de grandes baches que nos cuestan levantar, huecos y vacíos en momentos importantes, se podría decir que no pero contemplo la posibilidad que sin estos tomos el amor sería un fracaso, una invención absurda que adquirió nombre y poderes para hacerla atractiva y patentarla, una forma de llamar a la atracción que nos da nuestros iguales, una manera de nombrar el querer hacer a una persona nuestra posesión.
Muy frío lo veréis pero no es un pensamiento aislado el mio, teorías demuestran que el amor en su entero y amplio sentido, para que este sea exacto necesita que se cumpla en la intimidad, se necesita una atracción que lleve a la pasión, y un compromiso que afirme y asegure ese 'enlace eterno'.
Sea pues la probable causa del miedo de las parejas, cumplir la teoría del triangulo del amor.

Y así escribía yo hace unos años...


Un abrazo, era lo único que podría haber pedido, un recuerdo que de por vida se manteniera en mi memoria. Un simple instante de unión que marcara aquel momento, que me dejara manifestar un simple sentimiento.
No soy dada a los sentimientos y todos lo saben -cosa que sin querer me alegro y sufro-, pero no pienso que sea demasiado pedir una abrazo sin pedirlo ¿Parece complicado? Pues más fácil no podría ser.
Dar un abrazo por el único hecho de querer tener a la otra persona cerca o tan siquiera por querer hacer sentir a la otra persona que no esta sola y que a su manera es única.
Pedirme que me levante, que me ponga en pie sin ningún motivo y sin mediar palabra arrasar con un abrazo no pedido en mi vida, asegurarte una página de mi diario solo para ti. Una hoja del árbol de mi vida o un suspiro en los momentos de mi soledad. Aunque mi expresión acabe desaprobándolo, o cualquiera de mis comentarios sarcásticos y siempre sacados en el peor momento.
Un abrazo, quizás sea una palabra sobrevalorada ¿Qué es más que rodear a una persona con los brazos y apretarlos como muestra de amor y señal de afecto? ¿Qué es un abrazo mas que el simple hecho de ceñir a una persona con los brazos? Dar un abrazo suele, coloquialmente, sacarse del contexto indebidamente, un abrazo no significa más que afecto hacia una persona. Aun recuerdo cuando, de pequeña, estaba en mi colegio los profesores nos incitaban a demostrar nuestros sentimientos de amistad, un abrazo, un beso en la mejilla, algo simple, delicado y bonito, pero ¿quién diría que ayudarnos a coger confianza con nuestros sentimientos nos llevaría hasta donde ahora nos aguantamos? Una sociedad en la que la diferencia de edad de entre la madre y el bebe nos es de más de quince años.
Continuando con el tema anterior vuelvo ha admitir que abrazar no es un pecado y tampoco significa que ames con locura a la persona en cuestión y mucho menos que la desprecies, respecto a mi, he intentado dar abrazos a personas que lo necesitaban en aquel mismo momento pero que nunca me lo han agradecido -no es que lo viera necesario-. Contemplándolo todo de alguna manera más subjetiva, la importancia que le damos a la mayoría de las situaciones es estúpida, damos pensamientos innecesarios a cosas sin interés. Finalmente podemos afirmar que cualquiera de nuestros pensamientos carecen de cualquier razonamiento previamente redactado mentalmente,
porque si este fuera el caso nuestras conversaciones serían cortas pero intensas, con un mínimo de razonamiento y sentido común en cualquier conversación podríamos conseguir una conversación estimulante por un mínimo esfuerzo que solo consistiría en pensar.

Y así podría decirse que va la evolución del pensamiento solitario de una persona, comenzando en una tontería o en un nada y terminando en una reflexión profunda.

Tan insistente como la incansable estupidez de la especie humana.

No hace falta que lo digas, lo se
No soy agradable, ni simpatica, ni agradecida, ni divertida, ni grata de ver, ni de escuchar, molesto y estorbo...
No hace falta que nadie me diga como soy... lo se.

domingo, 16 de febrero de 2014

Una Noche Estrellada


Imaginarse un cielo estrellado en el que las luces que brillan no son estrellas, la Luna en el cielo no es nuestro satélite, y el manto azulado junto con su suave y fresca brisa no es tal y como dicen. ¿Que cuál es la razón de tales excentricidades? Pues sencillo, míralo: las estrellas no son mas que ojos curiosos que se asoman al espacio para contemplar tanto nuestro mundo como la majestuosidad y belleza del espacio para descubrirnos en el glorioso día y desvelarnos en la eterna noche; la Luna en sus mejores momentos es una sonrisa perfecta en la cual se puede ver reflejada la felicidad misma y cuando alcanza su magnifica redondez es un espejo a miles de kilómetros de nosotros
pero a pocos centímetros de nuestro corazón donde nos vemos reflejados en cuerpo y alma; y ese suave manto azulado que nos recubre estampado con las casuales y viejas pelusas que hacen asemejarse al espacio no es más que la vieja manta, suave y cómoda, que nos aguarda todos los días para pasar una noche más sobre el capote del viejo Chevrolet -que aun sin motor y llena polvo sig
ue manteniéndose en pie-. Aquella manta nos da calor en las frías noches mientras esa brisa
casual, pues es lo que es tu mentolado aliento, me susurra agradables palabras, que casi parecen delicadas melodías, cerca de mi oído intentando hacer que la dulzura de su significado no desaparecieran al ser mencionadas, poniendo tal empeño en la preparación de cada palabra que al pronunciarlas suenan entrecortadas pero perfectas.
Y así quedamos, tu y yo, contemplando los ojos que nos observan, suspendidos en aquel maravilloso espectáculo natural, tapados por el suave cielo, mientras que la brisa que recorre el firmamento hasta llegar a mis oídos.

¿Un Fallo?


Posó su mano sobre su camisa manchada de sangre que aún estaba caliente y emanaba de la recién creada herida. Todo su dolor, aquel mareó infernal que se concentraba en su mente y como un gran enjambre de abejas que no dejaba de zumbar, desapareció haciendo que todo se concentrara en el repentino calor del torso de su muñeca y el frío que dejaba disfrutar el deslizar de las gotas de sangre.
El ruido se convirtió en silencio y el dolor mental en físico, rápida olvidó su sufrimiento mental que en aquel momento, tan solo en ese corto instante, vio insignificante comparado con el desagradable, aunque familiar, dolor físico, que tarde o temprano acabaría volviendo a desaparecer.

martes, 7 de enero de 2014

¿Cuento De Hadas?


Contemplaba el cielo como nunca antes había podido verlo, su claridad y su belleza me cegaban la mente pero no la vista.
La soledad era mi mejor compañera en aquellos momentos, aunque de todas maneras, quisiera o no, era la única y lo sabía.
El tiempo pasaba lento y pesado y mis piernas se cansaban de aquella postura erguida y uniforme. Miro el cielo con la boca entreabierta y la mirada perdida en la infinidad. En aquel momento, de repente, sin más, me pregunté ¿Por qué no? Quizás llegue, o quizás yo desaparezca...
Comencé a caminar, mis manos buscaban cobijo en el hueco de mis pantalones donde no había espacio más que para mi móvil, me aferré al abrigo y lo apreté contra mi, abrochándolo y metiendo las manos en los bolsillos.
Caminaba en línea recta o al menos eso me parecía, la percepción de mi entorno llegaba borrosa hasta mi mientras miraba al cielo.
Una sombra caminaba a una velocidad lenta pero constante frente a mi, pero hacia una dirección contraria a la mía.
Noté que había alguien más tras de mi, una mano fió varios golpes en mi hombro y a continuación hoy un siseo, di media vuelta e intenté fijar mi mirada hacia el frente, en aquel movimiento brusco perdí por completo el equilibrio, el suelo parecía haberse movido del sitio y su volumen parecía haber cambiado y pasar a ser más bajo de lo normal.
No importaba como ni cual fuera la causa, tampoco la razón, lo único cierto es que me caí, así es, desafortunadamente acabe topándome con el frío suelo y de losas amarillentas de aquel gran parque.
Miré a mi alrededor desorientada, perdida, las gafas se me habían caído y las había podido escuchar rodar hacia algún lado.
Escucho unos pasos que corren pero no puedo identificar si huyen de mi o se acercan.
Tras unos segundos alguien me cogió en un intento de levantarme, pero quedo medio-tumbada en el suelo. Sentada en dirección contraria a la que me dirigía en un principio. No conseguí averiguar, en aquel instante, la torpeza de mi giro, pero no lo pude remediar. No aparte la mirada de la dirección a la que me había girado, no había nadie, nadie.
Me había sujetado de los brazos y me había ayudado a levantar.
Me extendió las gafas con las patas sueltas y colgando, miré la mano que me las entregaba y las cogí, poco después dirigí la mirada hacia donde me dirigía antes, mientras me colocaba las gafas; la persona ya no estaba allí donde andaba antes, hacia mi.
Le miro, su rostro se veía oscuro en la noche, con la luz de horizonte haciendo contraluz a su rostro, y con la luna como única iluminación azulada, mas aún con aquella oscuridad sabía que él era quien había estado andando frente a mi.
Le sonrió pero apenas puedo sentir mis propios gestos ni siquiera mi mismo rostro por el frío que había comenzado a hacer.
Todavía no me había soltado el brazo y su mirada de ojos castaños color almendra causaban un extraño escalofrío en mi nuca mientras se erizaban mis cabellos, podía sentir el calor de su cuerpo junto a mi, y la suavidad de su piel que se abría paso a través de un espacio que había dejado sus guantes negros de algodón y cuero y mi fino abrigo.
Me sonrió enseñando sus blancos dientes, formando un graciosos hoyuelo en unas de sus mejillas.
No era capaz de pronunciar palabra alguna, mi vocabulario había desaparecido de mi mente, no me salían mas que balbuceos que eran inaudibles con aquel aire.
Ambos parecíamos haber entrado en un extraño estado de choc, en lo que las palabras no hacían más que estorbar.
Pareció darse cuenta del silencio que se había formado en cuestión de segundos, y me ofreció con su cálida sonrisa alguna bebida caliente en el bar más cercano. Se lo acepté perdida en la oscuridad
de sus pupilas, mientras temblaba como un flan bajo aquella hermosa lluvia de estrellas. Tras comprobar mis repentinos movimientos, a pesar de la poca distancia que había entre nosotros, me ofreció su chaqueta que se quitó a pesar de que me negué.
Caminamos hacia el lugar cubierto más cercano. Yo tapada con su chaqueta y con el escudo de sus brazos que me acomodaban la chaqueta y me protegían del frío mientras entrelazábamos una agradable conversación cubierta de dulces sonrisas.
Quizás nos acabáramos de conocer pero jamás antes había podido experimentar sentimientos iguales, aquel poder que había conseguido hacer que todo lo demás desapareciera y que lo único existente fuéramos nosotros... Había oído mil y una historias sobre los duendes de los bosques y hadas de la noche y esta se uniría a una de ellas.

viernes, 3 de enero de 2014

Esperanza


Dejé que el tiempo pasara en aquel reloj de madera roto que se encontraba sobre la chimenea de la casa abandonada; lo miraba con desgana deseando que llegara a su final, deseando que tocara la siguiente hora, el siguiente minuto o incluso un único segundo, deseando que moviera sus agujas; si aquella vieja máquina del tiempo pudiera volver a funcionar sabría que todo tiene solución que las
muertes tienen sentido y que mis pensamientos no son un mar de letras sin sentido, que es, pues, lo único que puedo ver en un libro si lo miro, letras sin estructura, desordenadas. Ahora que pienso en mi pasado y valoro lo que quería ser en mi futuro me doy cuenta que una escritora disléxica era, es y seguirá siendo una estupidez.
Contemplo el resto de cenizas en el hueco de la chimenea, contemplo mi vida como la estupidez que había sido desde el día de mi nacimiento. Intento comparar y asemejar mi desastrosa vida con los restos del fuego alguna vez encendido: Aquella ceniza fue fuego, así fue, que sirvió para calentar a alguna familia en un frío invierno, o el regazo de una vieja ancianita en una larga noche o puede que incluso toda una tarde en una agradable reunión de amigos, pero antes fue un trunco, así fue, que quizás fue el techo de alguna otra casa consiguiendo salvar así de los mortales días y desagradables lluvias de invierno o del poderoso viento de otoño a familias o vagabundos, pero antes de ser un simple tronco muerto y seco fue un árbol, así fue, que dio vida a más plantas y cobijo a muchos animales que cuidó del caluroso y potente sol a nuestras familias y que acarició el rocío cuando nosotros no dormíamos. Antes de ser las insignificantes sobras de toda una vida ayudó a nuestra subsistencia y así se lo pagamos nosotros, matándolo, pero ni aún así nos damos cuenta,
estando frente a ello o cosechando su futuro "dueños del presente y del pasado, pero asesinos del futuro"; a diferencia de mi, este árbol dio vida y salvó otras tantas, inspiró historias y fue protagonista de sonrisas y cuadros, pero también espectador de la vida y el amor.
Me cuesta encontrar parecido pero no me faltan diferencias.
No es difícil contemplar con frialdad y demasiado sencillo pensar -con nuestros defectos humanos- que un único e insignificante árbol no le ha servido a la humanidad más que para traer problemas e incluso para formar un miserable infierno entorno a nuestras vidas; odiarnos es matarnos pero nadie se da cuenta.
El reloj continua su imperturbable descanso y un chirrido suena no muy lejos de mi.
Doy media vuelta sobre la silla de madera carcomida y ennegrecida por el humo que un día afloró en aquella mansión por el nacimiento de un fuego demasiado fuerte y seguro de si mismo que asoló el hogar con sus vivientes aún dentro.
El sonido desaparece, mantengo silencio atendiendo al extraño sonido de un viento recién nacido que se acerca a gran velocidad hacia el frontal del edificio.
Veo la gran puerta abierta que deja ver un amplio pasillo que incluso con el ennegrecimiento del humo puede verse su antiguo color blanco en las paredes con algunos trozos de alfombra en el suelo. A uno de los lados del pasillo se puede apreciar el hueco al que pertenecerían unas
escaleras, las que bajarían al piso inferior, unas escaleras privilegiadas que únicamente podían utilizar los dueños de la casa y sus invitados, sin embargo los propios sirvientes tenían unas
escaleras singulares y apartadas, marginadas socialmente; no puedo evitar sentirme identificada con esto, aunque desde mi punto de vista no se si me identifico más con los criados o con las escaleras.
Al terminar el pasillo se puede apreciar una habitación desprovista de puerta alguna, aunque todavía conservaba el hueco donde se sostenía; nada más asomarte puedes contemplar grandes ventanas
cerradas y tapiadas y las ahumadas paredes y rincones en un oscuro silencio.
El aire llega con presión y fuerza a aquella parte del edificio, pero parece pasar por el lado, como si lo hubiera esquivado. El aire parece acercarse cada vez más.
La pared del pasillo cae con un estrepitoso sonido que ni aun queriendo yo reaccionar pude, tras caer el pasillo, la pared tras de mi cae a su debido tiempo. Una montaña de polvo y escombros se forma bajo y sobre mi dejándome visiblemente atrapada. Miro casi sin sorpresa hacia el frente, entrecerrando los ojos por la luz del sol.
Puedo ver como los restos de la pared ceden a su propio peso, miro hacia todos lados, sé que no me he movido del sitio pero me siento perdida, detengo mi mirada en un reloj de madera añejo, dañado por los años, y maltratado por el propio tiempo que el mismo había dejado pasar hacia demasiado ya.
Lo contemplo con firmeza y mi mirada no se aparta de él, es diferente ahora que antes cuando estaba sobre la chimenea.
El primer segundo sonó en aquel anciano y desvencijado reloj.
''Si aquella vieja máquina del tiempo pudiera volver a funcionar sabría que todo tiene solución que las muertes tienen sentido y que mis pensamientos no son un mar de letras sin sentido, que es, pues, lo único que puedo ver en un libro si lo miro, letras sin estructura, desordenadas.''
Quizás siga sin encontrarle sentido a la razón de la muerte pero quizás la tenga también -tal y como todo tiene un limite, la vida también tiene uno y en este caso, al igual que en todos ¿Por qué no
ha de haber otro comienzo?- sin embargo esto me lleva a plantearme el por qué arrojar la toalla.
Me levanto con energía y dejo caer las piedras y los trozos de pared que se habían quedado sobre mi, las heridas desaparecen en mi mente, pero son notables en mi cuerpo, me asomo al hueco que había quedado finalmente en la pared y comienzo a agitar las manos con fuerza y energía intentando llamar la atención de los hombres de la demolición -y consiguiéndolo-, estoy decidida, acababa de comprobar y de ser espectadora de que una reliquia como aquella vieja máquina volvía a estar en funcionamiento volvía a la vida como yo volvería a mis sueños.